"Muchos cometen el error de pensar que la industria de la confección vende únicamente tela, botones y costuras. Esa es una visión obsoleta y puramente táctica. En el mundo moderno, las personas no compran ropa por su tejido; compran lo que esa ropa dice de ellas. La ropa es la manifestación externa de nuestra identidad, nuestro estatus y nuestras aspiraciones.
Es aquí donde el marketing se vuelve el hilo conductor del éxito. Sin marketing, una prenda de vestir es solo una mercancía (un commodity) expuesta a la guerra destructiva de los precios bajos. El marketing transforma un producto utilitario en un objeto de deseo. Su función no es engañar, sino descubrir qué valores, emociones y estilos de vida busca el consumidor, para luego plasmarlos en una marca.
Cuando una empresa de moda aplica el marketing de manera estratégica, no diseña ropa para un cuerpo; diseña una experiencia para una mente. Crea una conexión emocional tan fuerte que el consumidor no ve un precio, ve un valor. El marketing es, en última instancia, el arte de dar significado a lo que vestimos, convirtiendo el acto cotidiano de vestirse en una declaración de quiénes somos."